viernes, 6 de noviembre de 2026

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO

 


Queridos hermanos y hermanas:

En el contexto del final del año litúrgico, aparecen temas importantes: la vigilancia, el destino de los difuntos y la sabiduría que el ser humano puede adquirir.

Resulta difícil pensar que la vida consiste únicamente en pasar el momento y vivir el presente sin tomar en cuenta el futuro. De ese modo, dejamos que se desgaste en cosas que no valen la pena y que solo terminan por complicarla.

San Pablo es consciente de ello y habla de un futuro que no depende del tiempo ni de la voluntad humana, sino del Hijo de Dios. Su resurrección nos abre a un futuro eterno, que se presenta como la meta hacia la cual orientar nuestra vida.

Pero ¿cómo tendría que ser esa vida? ¿Cómo orientarla? ¿Cuáles serían los criterios que la guían? La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos presenta el camino que debemos seguir: una sabiduría que proviene de Dios. No se trata de una sabiduría adquirida únicamente mediante el estudio y la lectura de libros, sino del acercamiento a Dios mismo. Conocer sus preceptos y llevarlos a la práctica hará nuestra vida más plena y santa.

Hoy se nos presentan muchas opciones para alcanzar la paz y la plenitud. Algunas se centran en crear un ser humano autosuficiente, pero la plenitud se encuentra en Dios Padre. La propuesta es clara: vigila lo que sucede en tu vida y reconoce en quién depositas tu confianza, tu esperanza y tu propia existencia. Es una tarea permanente, que nos invita a no bajar la guardia.

Vivir la vigilancia en lo cotidiano no significa permanecer con miedo ni sospechar de todo, sino prestar atención al modo en que estamos viviendo. Detengámonos un momento y preguntémonos: ¿a qué dedicamos nuestro tiempo?, ¿qué hábitos estamos alimentando?, ¿qué lugar damos a las personas que nos rodean? No dejemos que las prisas y las distracciones decidan por nosotros. Aprendamos a distinguir lo urgente de lo importante y a elegir aquello que favorece una vida más honesta, responsable y solidaria.

Esta atención se expresa en acciones sencillas: escuchar sin interrumpir, cumplir los compromisos, cuidar nuestras palabras y reconocer cuando hemos cometido un error. No esperemos una ocasión extraordinaria para comenzar. Hoy podemos dedicar tiempo a alguien que necesita compañía, retomar una responsabilidad pendiente o dar el primer paso para reparar un daño. Que nuestras buenas intenciones no se queden solamente en deseos: hagámoslas visibles en el trato diario, con respeto y consideración.

Por eso, mantengámonos atentos sin exigirnos perfección. Al terminar el día, revisemos con serenidad lo que hicimos: qué podemos agradecer, qué necesitamos corregir y qué queremos hacer mejor mañana. Reconocer nuestras limitaciones no debe desanimarnos; puede ayudarnos a aprender y a pedir apoyo cuando sea necesario. Comencemos con un compromiso concreto y posible. Vivir la vigilancia es no pasar de largo ante nuestra propia vida ni ante las necesidades de los demás: es estar presentes y responder con responsabilidad a las oportunidades de cada día.

Sigamos adelante con ánimo y con paciencia hacia nosotros mismos. No hace falta tener todas las respuestas para escuchar con cariño, ofrecer compañía o agradecer lo que hoy tenemos. Que las prisas no nos hagan olvidar a quienes caminan a nuestro lado, ni las dificultades nos impidan reconocer lo bueno de cada día. Vivamos atentos, no desde el temor, sino desde el cuidado: con tiempo para escuchar, disposición para ayudar y humildad para volver a empezar. Que quien se encuentre con nosotros pueda sentirse escuchado, respetado y acompañado.

Te invito a comenzar hoy con un gesto sencillo: aparta por un momento las distracciones, escucha con atención a alguien cercano y pregúntale cómo puedes acompañarlo. Elige una acción pequeña que puedas realizar con cariño y responsabilidad. No esperemos a mañana para estar presentes: hagamos de este día una oportunidad para cuidar la vida que compartimos.

Que el Señor sea su fuerza y su paz.

Pbro. Carlos Felipe Lozano Lara

 

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