sábado, 3 de octubre de 2026

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO 2026

 


Queridos hermanos:

Hoy la Palabra de Dios nos hace una pregunta muy sencilla, pero también muy seria: ¿qué estamos haciendo con lo que Dios nos ha confiado? En el Evangelio, un propietario entrega su viña a unos trabajadores para que la cuiden y la hagan producir. En la primera lectura, el dueño prepara con cariño su viña y espera buenos frutos. Así actúa Dios con nosotros: nos confía la vida, la familia, el trabajo, la fe y muchas oportunidades. No somos dueños absolutos de todo eso; somos responsables de cuidarlo y hacerlo fructificar.

La viña se parece mucho a nuestra vida. Todos sabemos que nada bueno se consigue sin cuidado: una familia necesita tiempo y diálogo; un empleo exige responsabilidad; una amistad se cultiva con presencia y sinceridad; la fe crece con oración y obras buenas. Quien siembra espera cosechar. Quien cuida con paciencia espera ver frutos. Así también Dios espera que su amor, sembrado en nosotros, se convierta en algo bueno para los demás.

Por eso, la cosecha no se refiere solamente al final de la vida. Cada día recogemos algo de lo que sembramos. Si en casa sembramos respeto, paciencia y perdón, habrá más unión. Si en el trabajo actuamos con honestidad y servicio, ayudamos a construir una sociedad mejor. Si sembramos indiferencia, egoísmo o violencia, también aparecerán sus consecuencias. Dios bendice nuestro esfuerzo, pero espera que pongamos de nuestra parte.

Las lecturas también hablan del dolor de Dios cuando no encuentra esos frutos. En la primera lectura pregunta: «¿Qué más podía hacer por mi viña que yo no lo hiciera? ¿Por qué, cuando esperaba que diera uvas buenas, las dio agrias?». Y en el Evangelio se pregunta qué hará el dueño con quienes traicionaron su confianza. No se trata de un Dios que busca castigarnos a la primera, sino de un Padre que nos ha dado mucho y se entristece cuando desperdiciamos sus dones o hacemos daño a los demás.

Pero la Palabra de hoy no quiere dejarnos con miedo ni desánimo. Dios sigue creyendo en nosotros. Si nos muestra lo que está mal, es porque todavía podemos cambiar. Él quiere que nuestra vida dé frutos de justicia, bondad, reconciliación y servicio. Siempre nos ofrece una nueva oportunidad para volver a empezar y trabajar mejor en la viña que nos ha confiado.

Hermanos, llevemos esta pregunta al corazón: ¿qué fruto espera Dios de mí esta semana? Tal vez me pide escuchar con más paciencia a mi familia, reconciliarme con alguien, cumplir con honradez mi trabajo, ayudar a una persona necesitada o dedicarle un momento a la oración. Cada uno sabe cuál es la parte de la viña que debe cuidar. Pidamos al Señor que no nos contentemos con buenas intenciones, sino que nuestra fe produzca frutos concretos. Que al final de cada día podamos decirle: «Señor, cuidé lo que me confiaste y procuré compartir tus dones con los demás». Amén.

Pbro. Carlos Felipe Lozano Lara.

 

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