El Domingo de Ramos marca el comienzo
de la Semana Santa, un periodo en el que se vive la Pascua del Señor, un
momento crucial que da origen a nuestra fe y al camino de la Iglesia. En este
día recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, donde fue recibido con
mantos y palmas por quienes lo reconocían como el que viene en nombre del
Señor. Las voces resonaban: ¡Hosanna! ¡Viva el Hijo de David! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo! Al mismo tiempo, durante la
liturgia de la palabra, se proclama la pasión del Señor según el Evangelio de
San Mateo, llevándonos inmediatamente a un momento decisivo en la historia de
la humanidad y en la historia de la salvación. Este episodio es profundamente
doloroso, reflexivo e impactante, y nos invita a contemplar de cerca al
crucificado. A lo largo de la semana, iremos conociendo al Siervo de Yahvé
presentado por el profeta Isaías, llegando finalmente al culmen de la entrega
del Señor Jesucristo en el Gólgota, en el Calvario.
Aunque han llegado las vacaciones y
es importante descansar, debemos recordar que los días del Triduo Pascual son
especialmente dedicados a la reflexión y la contemplación. No somos solo
espectadores; también formamos parte de la Pascua del Señor. Cada uno está
invitado a vivir su propia pascua, y es recomendable que los oficios de estos
días se vivan con devoción, intensidad y fe. Es una oportunidad para
identificar los aspectos de nuestra vida que necesitan un cambio, para morir a
aquello que nos impide avanzar, mejorar y crecer, y así poder crear un nuevo
hombre o una nueva mujer, según sea el caso.
Algunos pueden pensar que siempre
celebramos lo mismo, y en parte es cierto: el Señor es el mismo ayer, hoy y
siempre. Sin embargo, lo que cambia es la historia de la humanidad, la historia
de nuestro estado, ciudad, familias y de cada uno de nosotros. No estamos en
las mismas circunstancias, enfrentamos nuevos retos y experiencias, por lo que
lo que viviremos y escucharemos durante esta Semana Santa tendrá algo nuevo que
decirnos. Se abren nuevos horizontes, planes y proyectos, y retomar nuestra
vida es volver a experimentar el acontecimiento de la Resurrección, con una luz
renovada y la eternidad como horizonte.
Felices Pascuas de Resurrección.
Pbro. Carlos Felipe Lozano Lara

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